La primera manifestación del
Rugby de Colegio en Argentina
Entre 1894 y 1900, exalumnos del Bedford Modern School radicados en Buenos Aires dieron vida a un equipo invitacional que cerraba la temporada ante el Buenos Ayres Football Club y dejó un antecedente singular en la historia del rugby colegial del Río de la Plata.
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| Old Bedfordians Club |
Old Bedfordians: el curioso equipo que dejó su huella en el rugby rioplatense
Buenos Aires, finales del siglo XIX. Entre los clubes británicos, los colegios y los primeros campos de rugby que comenzaban a poblar el paisaje deportivo de la Argentina, apareció un equipo singular: Old Bedfordians, un conjunto formado por exalumnos del Bedford Modern School que, entre 1894 y 1900, protagonizó una particular tradición del rugby porteño.
No tenían cancha propia, ni una estructura formal de club. Tampoco disputaban una temporada regular. Se reunían, sin embargo, para jugar un partido que se transformó en una cita esperada: el encuentro que cerraba la temporada de Rugby frente a un combinado reforzado del Buenos Ayres Football Club.
Una tradición nacida en Inglaterra
La historia comienza mucho antes, en Bedford, Inglaterra. El Bedford Modern School había sido fundado en 1764 como parte de la Bedford Charity —actualmente The Harpur Trust—, sobre las bases de las donaciones realizadas por Sir William Harpur en el siglo XVI. Para fines del siglo XIX, el colegio ya ocupaba un lugar consolidado dentro del sistema educativo de la ciudad.
Sus antiguos alumnos mantenían fuertes vínculos entre sí. Esa comunidad de exalumnos, conocida como Old Bedford Modernians (OBMs), encontró una expresión institucional con la creación del OBM Club en 1891. La tradición de pertenencia, sin embargo, no quedó confinada a Inglaterra.
Buenos Aires, el otro escenario
A miles de kilómetros de Bedford, algunos de aquellos antiguos alumnos habían establecido su vida en Buenos Aires. Allí, entre 1894 y 1900, comenzaron a reunirse para formar un equipo invitacional que llevaría el nombre de Old Bedfordians.
La particularidad de estos encuentros resulta especialmente interesante: no se trataba de un club convencional, sino de una formación ocasional que aparecía una vez al año para enfrentarse al Buenos Ayres Football Club.
El partido combinaba mucho más que rugby. Era también un encuentro social y una manifestación de los vínculos que unían a la comunidad británica instalada en Buenos Aires con sus instituciones de origen.
Los días de partido, mujeres de la comunidad británica preparaban pasteles, tartas y bocadillos caseros. Tras el pitazo final, jugadores, árbitros y espectadores compartían té caliente en el club o al aire libre en el clásico Tercer Tiempo y por la noche cerraban las actividades con una cena de gala.
Un pequeño equipo, una gran pista histórica
Continuará...
