lunes, 19 de octubre de 2026

1890, Montevideo C.C. vs. Buenos Ayres F.C.

El encuentro del 15 de junio de 1890 entre el Montevideo Cricket Club y el Buenos Ayres Football Club, ganado por los visitantes mediante un try, constituye una fuente valiosa para reconstruir la práctica temprana del rugby en el Río de la Plata. No puede demostrarse, con la evidencia actualmente presentada, que fuera el primer partido “internacional” de rugby de la región; sí permite documentar la reanudación —según el cronista— de los enfrentamientos rugbísticos entre ambos clubes e iluminar la sociabilidad británica que sostenía esos intercambios.

Introducción

Ilustración realizada con IA, imaginada del encuentro atribuido a 1875. No constituye un documento de época ni acredita jugadores, indumentarias o características del campo.

Montevideo, junio de 1890. El domingo 15 estaba previsto un encuentro entre el Buenos Ayres Football Club y el Montevideo Cricket Club. La convocatoria publicada en The River Plate Times anunciaba el partido para las dos de la tarde y organizaba la jornada de los visitantes en torno al desayuno en el Hotel París y el regreso a Buenos Aires. La crónica posterior permite reconstruir el desarrollo de un encuentro disputado bajo la lluvia y sobre un terreno empapado.

El encuentro disputado el 15 de junio de 1890 constituye un testimonio relevante de las relaciones deportivas entre el Buenos Ayres Football Club y el Montevideo Cricket Club. La crónica publicada dos días después en The River Plate Times permite reconstruir aspectos concretos del partido, aunque el propio periodista señala que habían transcurrido varios años desde su anterior enfrentamiento bajo las reglas del rugby. Su importancia histórica reside tanto en el resultado como en la información que aporta sobre la práctica de este deporte en el Río de la Plata a fines del siglo XIX.

La crónica original, constituye la fuente principal de esta reconstrucción. Su relato ofrece información sobre las condiciones del terreno, el desarrollo del juego, los anotadores y algunos de los protagonistas. A partir de ese testimonio, y distinguiendo los datos de las inferencias, es posible reconstruir diversos aspectos de la jornada deportiva. Su traducción al español posibilita reconstruir no solo un acontecimiento deportivo, sino toda una época: la de los viajes en los "vapores de la carrera", los desayunos previos en el Hotel París, los campos empapados donde los forwards se disputaban la pelota y la entrañable camaradería de una comunidad británica que, separada por el ancho estuario, se unía cada temporada alrededor de una pelota ovalada. Aunque presentado en su momento como un duelo "internacional", en la práctica se trató de un enfrentamiento entre residentes británicos de ambas orillas del Río de la Plata (NDLR): En este artículo, “internacional” se emplea en el sentido decimonónico de encuentro entre equipos representativos de Buenos Aires y Montevideo, no en el sentido actual de selecciones nacionales.

A continuación, se reproduce la traducción al español de la convocatoria previa del 15 de junio y la crónica del 17 de junio de 1890, acompañada de notas que contextualizan la logística, el deporte y la sociedad de un encuentro clave para entender la actividad rugbística del siglo XIX en el Río de la Plata.

Nota de investigación: Una noticia de The Standard del 21 de agosto de 1889, citada en la investigación, menciona los vapores Apolo y Rivadavia en relación con un desplazamiento deportivo entre ambas orillas. Este antecedente ilustra la logística de los viajes de la época, pero todavía no permite identificar el buque utilizado por el equipo porteño en junio de 1890.

Convocatoria previa

The River Plate Times, Nº 274, 15 de junio de 1890, sección “FOOTBALL”, página 1, columna 6

Football

Los equipos para el partido de hoy entre B. Ayres y Montevideo están constituidos de la siguiente manera:

Se solicita a los jugadores estar en el campo de juego puntualmente a la 1:30 p. m. para dar inicio al encuentro a las 2:00 p. m., asegurando así el tiempo necesario para que el equipo de Buenos Aires alcance el barco de regreso por la tarde.

El plantel visitante será agasajado con un desayuno en el Hotel París a las 10:00 a. m. del domingo.

Nota de investigación: La convocatoria previa fijaba la presentación de los jugadores a las 13:30 y el comienzo del partido a las 14:00. Sin embargo, la crónica publicada el martes 17 señala que el juego comenzó a las 14:30. La diferencia entre el horario anunciado y el efectivo debe conservarse, pues constituye un dato sobre la organización real de la jornada.

La crónica del partido

The River Plate Times, Nº 275, 17 de junio de 1890, sección “FOOTBALL”, página 1, columna 6

Football: Buenos Ayres contra Montevideo

Creemos que esta es la primera vez en varios años que se juega un partido entre estos dos clubes bajo las reglas del Rugby, y se debe dar un gran crédito al digno capitán del equipo local, el Sr. Mullaly, por propiciar un encuentro tan agradable como el que tuvo lugar el domingo. También se le debe felicitar por la decidida lucha que sus hombres mantuvieron contra un equipo más pesado en este primer partido que han jugado, un resultado que augura un buen futuro.

No se debe negar una palabra de elogio a otros, como al Sr. Lawrie, quien una vez más ha impulsado el juego del Rugby entre nosotros. El equipo de Buenos Aires fue agasajado con un desayuno en el Hotel París y, tras un excelente almuerzo, se dirigió al campo de Cricket donde, a pesar del estado empapado del terreno y la lluvia, el juego comenzó a las 2:30. Es fácil imaginar que, debido al estado resbaladizo del suelo, se hicieron muy pocas buenas corridas y los backs de ambos lados no tuvieron mucho por hacer, siendo el partido más bien una serie de scrummages sueltos y dribleos en los que Montevideo, en todo caso, se mostró superior.

Durante la primera mitad, Montevideo, con un ligero viento a favor, presionó y en una o dos ocasiones estuvo a punto de anotar, pero justo antes del descanso, tras un juego desordenado, J. J. Nisbet logró obtener un try cerca de la línea de touch, fallando Anderson en la patada a gol. En el segundo tiempo, Buenos Ayres dominó mucho más el juego y Benedict se vio obligado a hacer touch down repetidamente, pero no se anotó nada más. Cuando se anunció el final del tiempo, Buenos Ayres resultó victorioso por un try a cero.

Por parte de Buenos Ayres, R. Anderson realizó algunas patadas muy buenas y los demás backs estuvieron seguros, aunque no tuvieron oportunidad de mostrar su velocidad. Entre los forwards, Mayne y Cumming fueron los más destacados. En el equipo local, sería injusto mencionar a alguno de los forwards en particular, ya que todos jugaron al máximo y estuvieron totalmente a la altura de sus rivales en ese aspecto. Entre los backs, Hale, Percy Vignoles y Scoones fueron los más útiles. Se debe dar una palabra de elogio al Sr. Corry-Smith por su hábil arbitraje, el cual dejó una satisfacción general. Los nombres de los jugadores se dieron el domingo.

Indumentaria e historia previa

En agosto de 1889 ya se habían enfrentado combinados de football association de Buenos Aires y Montevideo, con triunfo argentino por 3 a 0 en el New English Ground de La Blanqueada. En aquella ocasión, el conjunto montevideano vistió los colores tradicionales del Montevideo Cricket Club: franjas horizontales azules y anaranjadas. Infiero que, al año siguiente, en 1890, pudiera haberse utilizado la misma indumentaria para el duelo de rugby.

Ilustración realizada con IA, imaginada del encuentro atribuido a 1875.
No constituye un documento de época ni acredita jugadores,
indumentarias o características del campo

Nota de investigación: El partido de fútbol asociación celebrado en Montevideo en 1889 constituye un antecedente de los encuentros deportivos entre ambas ciudades. Sin embargo, no permite establecer por sí solo qué indumentaria vistió el Montevideo Cricket Club en el partido de rugby de junio de 1890. La hipótesis de que se mantuvieron los colores azul y anaranjado debe considerarse provisional hasta localizar una descripción contemporánea o una imagen identificable.

Un try en la memoria: lo que nos dejó aquel domingo de 1890

La crónica registra una victoria de Buenos Ayres por un try a cero, con J. J. Nisbet como autor de la única anotación. No sabemos cómo interpretaron los asistentes la importancia histórica del encuentro. Su relevancia para nosotros reside, precisamente, en que el relato contemporáneo permite recuperar detalles concretos de una competencia que de otro modo podría haber quedado reducida a una referencia cronológica.

Más allá del resultado, la crónica permite observar la continuidad de los vínculos deportivos entre Buenos Aires y Montevideo y ofrece una ventana a la organización del rugby en el Río de la Plata a fines del siglo XIX.

La crónica de 1890 permite situar el partido dentro de una relación deportiva anterior entre ambas orillas. El Montevideo Cricket Club atribuye a 1875 un encuentro de rugby frente al Buenos Ayres Football Club, aunque la documentación contemporánea de aquel partido debe estudiarse por separado.

En 1890, el cronista subrayó que hacía varios años que no se enfrentaban bajo las reglas del rugby. Esta observación convierte el encuentro en un testimonio significativo de la reanudación de los contactos rugbísticos entre ambos clubes. Mientras el football association comenzaba paulatinamente a ganar terreno, el rugby resistía con firmeza en el Río de la Plata, sostenido por el tesón de capitanes como Mullaly y la pasión de pioneros como Lawrie, quien "una vez más ha impulsado el juego del Rugby entre nosotros", reconocía con gratitud el cronista.

La jornada combinó actividades sociales y deportivas. La convocatoria anunciaba un desayuno para los visitantes en el Hotel París y la crónica menciona también un almuerzo antes del desplazamiento al campo. La lluvia y el terreno empapado condicionaron el juego. En cambio, no se dispone todavía de evidencia suficiente para precisar los tejidos y colores de las camisetas ni para establecer quién sufragó los gastos del viaje.

Por sobre todas las cosas, fue el germen de una reanudación documentada. El Montevideo Cricket Club se consolidaría como el decano del rugby sudamericano, mientras que el Buenos Ayres Football Club —transformado con los años en el Buenos Aires Cricket & Rugby Club— se erigiría como pilar fundamental del rugby en la Argentina. Los viajes entre ambas orillas, que hoy se completan en pocas horas en moderno ferry, conservan la esencia de aquel rito fundacional.

El try de Nisbet quedó sepultado en el barro de aquel domingo de 1890; no obstante, su eco, rescatado de las páginas ajadas de The River Plate Times, nos recuerda que el rugby rioplatense no nació en estadios monumentales ni bajo reflectores mediáticos, sino en canchas anegadas, entre caballeros con bigote y botines claveteados, acompañados por el ronco silbido de un vapor en el puerto. En la historia del deporte, ese legado trasciende cualquier marcador.

Ilustración realizada con IA, imaginada del encuentro atribuido a 1875. No constituye un documento de época ni acredita jugadores, indumentarias o características del campo

Contexto Histórico y Anexos

1. ¿Primer partido documentado de rugby que reunió solo a jugadores británicos residentes en ambas orillas del Plata?

a) Lugar: La Blanqueada, (The New English Ground), cancha del Montevideo Cricket Club, Montevideo.

b) Resultado: Ganó el BAFC por un try a cero.

c) Importancia: Consagrado como el primer partido documentado de rugby que reunió solo a jugadores británicos residentes en ambas orillas del Plata, disputado en Uruguay y el registro inaugural de un duelo entre clubes sudamericanos a nivel internacional.

d) Publicado en: The River Plate Times, Nº 275, 17 de junio de 1890, sección “FOOTBALL”, página 1, columna 6

2. ¿Cómo viajaban? El "Vapor de la carrera"

Hacia 1890, la conexión fluvial entre Buenos Aires y Montevideo formaba parte de un servicio regular de navegación nocturna conocido popularmente como el "Vapor de la carrera". Los buques zarpaban habitualmente a las 9:00 p.m. desde sus puertos de origen y atracaban a las 8:00 a.m. del día siguiente, demandando un tiempo estimado de once horas de travesía. Propulsados por máquinas a vapor de ruedas o hélice, permitían a los pasajeros descansar en cómodos camarotes antes de iniciar sus actividades matutinas en la orilla opuesta.

3. El Hotel de París

Ubicado en la calle 25 de Mayo 244 y propiedad del Sr. Andreau, el Hotel de París constituyó uno de los establecimientos hoteleros más destacados de Montevideo en el último tercio del siglo XIX. Su proximidad a la zona portuaria resultaba estratégica para recibir a los viajeros que arribaban por vía marítima. Sus avisos publicitarios resaltaban especialmente la amplitud y confort de sus habitaciones, su privilegiada ubicación céntrica y un ambiente distinguido y propicio para familias.

La imagen muestra la sala de estar y recepción del Hotel Oriental (también conocido como Hotel de París), ubicado en la esquina de las calles Solís y 25 de Mayo en Montevideo, Uruguay

¿Cuál es la diferencia entre el Cricket Ground o English Ground y el New English Ground o New Ground?


Agradecimiento especial

Quiero expresar mi especial agradecimiento al Sr. Henry Frederick, destacado historiador, dirigente deportivo y expresidente del Montevideo Cricket Club, por la generosidad con la que me brindó información sobre la historia de esa prestigiosa institución. Mi reconocimiento y gratitud por su valiosa contribución a esta tarea de reconstrucción de la historia.

Sus aportes contribuyeron a orientar la búsqueda sobre los vínculos deportivos entre Montevideo y Buenos Aires.

Fuentes

Olivera, Eduardo. Orígenes de los deportes británicos en el Río de La Plata. Buenos Aires. Argentina. 1932.

Roberto N. Schamun. Tackle al Tiempo, relatos. Buenos Aires, Argentina.

James McGough. "El juego del Rugby en la Argentina". Editado por The Publishing Co. Buenos Aires.

Claudio Barragán y Gustavo Castro. "Montevideo Cricket Club, decano entre decanos". Cuadernos de El AreA. Ediciones de la Vizcachera. Junio de 2010.

Jorge L. Buzzetti y Eduardo Gutiérrez Cortinas. "Historia del deporte en el Uruguay (1830 - 1900)". Montevideo 1965

Luis Prats, Una tarde de octubre de 1878 en el Montevideo Cricket. https://cihfhistoria.blogspot.com/2016/11/una-tarde-de-octubre-de-1878-en-el.html

Fuentes para profundizar la investigación

Para completar este perfil histórico, se sugiere consultar:

The River Plate Times, N.º 274, Montevideo, 15 de junio de 1890, p. 1, col. 6, sección “Football”: convocatoria del encuentro.

The River Plate Times, N.º 275, Montevideo, 17 de junio de 1890, p. 1, col. 6, sección “Football”: crónica del partido.

The Standard, Buenos Aires, 21 de agosto de 1889: referencia a los vapores Apolo y Rivadavia.

The Standard, Buenos Aires, 16–17 de agosto de 1889: crónica del encuentro de football association del 15 de agosto de 1889.

The River Plate Times, Montevideo, agosto de 1889: crónica del encuentro de 1889.

Montevideo Cricket Club, “Trayectoria”: afirmación institucional sobre un encuentro de rugby de 1875; debe contrastarse con fuentes contemporáneas.

Laws of the Rugby Football Union, edición de 1890: para determinar el valor del try y las reglas aplicables

Archivos del Centro de Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF).

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Investigación y producción: Rubén Raúl Ayala. Jugador de rugby entre 1967 y 1995. Ex referee de la Asociación de Referees de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Director del Centro de Estudios en Historia del Rugby (CEHR). Director de la revista digital Días de Rugby. Investigador independiente en temas de Historia del Deporte.


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viernes, 16 de octubre de 2026

1875. Montevideo C.C. vs Buenos Ayres F.C.

1. ¿Se disputó un partido de rugby entre el Montevideo Cricket Club y el Buenos Ayres Football Club en 1875?

Ilustración realizada con IA, imaginada del encuentro atribuido a 1875. No constituye un documento de época ni acredita jugadores, indumentarias o características del campo.

Es importante comenzar aclarando un hecho histórico fundamental para responder con precisión: las referencias examinadas atribuyen a 1875 un encuentro entre un equipo porteño y el Montevideo Cricket Club, pero en esta revisión no se ha localizado un documento contemporáneo que permita verificar sus circunstancias.

Para reconstruir los primeros encuentros de rugby del Río de la Plata, esta investigación distingue entre documentos contemporáneos, relatos retrospectivos e hipótesis del investigador y las hipótesis aún no corroboradas. El objetivo es identificar la procedencia de las versiones y precisar qué aspectos del encuentro siguen sin corroboración.

En 1875, el Buenos Ayres Football Club (6) y el Montevideo Cricket Club (7) ya existían. Sin embargo, la existencia de ambos clubes no demuestra por sí misma que se enfrentaran ese año ni que el encuentro se jugara conforme a las reglas del rugby.

Para establecerlo, necesitamos identificar una crónica contemporánea que permita determinar la fecha, el lugar, los participantes y, si se conserva, el resultado. También debemos evitar atribuir camisetas o nombres de jugadores sin respaldo documental.

2. ¿Qué afirma el Montevideo Cricket Club?

Hay una discrepancia importante entre fuentes del propio Montevideo Cricket Club y su historia editorial. La página institucional Trayectoria del MvCC atribuye a 1875 el primer partido internacional de rugby entre el Buenos Ayres Football Club y el Montevideo Cricket Club.

“En 1875, se juega el “primer partido internacional de Rugby” entre el Buenos Aires Football Club y el Montevideo Cricket Club en cancha de este último”.

Sin embargo, la versión digital consultable del libro Montevideo Cricket Club, decano entre decanos contiene una entrada de 1875 que identifica al rival como Buenos Ayres Cricket Club, no como Buenos Ayres Football Club. El pasaje se transcribe a continuación y puede consultarse también en la página 9 del libro Montevideo Cricket Club, decano entre decanos: 

“En 1875, se juega el “primer partido internacional de Rugby” entre el Buenos Aires Cricket Club y el Montevideo Cricket Club en cancha de este último”.

La divergencia afecta a la identificación del rival. Sin establecer la procedencia y la relación entre ambas versiones, no puede decidirse si refleja una modificación editorial, una confusión o una tradición documental diferente.

¿Se disputó realmente este partido? Al examinar esta cita de la historia institucional del MvCC y contrastarla con los registros disponibles, no he localizado hasta la fecha ningún registro histórico documentado, ni hemerográfico ni testimonial, que confirme la realización de dicho encuentro específico. La página institucional no proporciona el día ni el mes, ni reproduce una crónica de 1875 que permita contrastar los detalles del encuentro.

El artículo examina cómo se presenta el encuentro en las referencias localizadas y qué documentación permitiría contrastarlas. Una eventual confusión de nombres, fechas o disciplinas se considera aquí una hipótesis de trabajo, no una explicación establecida.

Analizaremos las cronologías reales de ambos clubes, la confusión frecuente entre disciplinas (como el cricket, fuerte del MvCC) y la naturaleza incipiente y descentralizada de los deportes organizados en aquella época, carentes de federaciones nacionales.

3. Cronología de los clubes

En Montevideo

Según el uruguayo Luis Prats, en su artículo escrito para el C.I.H.F.: “Una tarde de octubre de 1878 en el Montevideo Cricket”, la competencia deportiva era todavía escasa, si se excluye de esa categoría a las carreras de caballos, desafíos boxísticos sin reglas en bares de la Ciudad Vieja y alguna otra actividad. La colectividad británica, más importante por su influencia en la sociedad y la economía que por su número, dedicaba en cambio buena parte de su tiempo libre a torneos deportivos que la prensa local llamaba “pic-nics”. El principal era el cricket, un juego demasiado lento y ceremonioso como para atraer practicantes criollos, pero que movilizaba el entusiasmo de los nativos de la Rubia Albion"(8).

Montevideo Cricket Club: Fundado el 18 de julio de 1861 (4), está reconocido como el club de rugby más antiguo de América Latina y el octavo más antiguo del mundo. El Museo Mundial de Rugby de Twickenham lo clasifica como el octavo club de rugby más antiguo del planeta y el primero fuera de las Islas Británicas. En el predio donde actualmente se encuentra el Hospital Militar funcionaba el campo de juego (English Ground o campo inglés), del MvCC, el club surgió por iniciativa de británicos residentes en Montevideo (4).

El Montevideo Cricket, relata Prats, "... instaló su campo de deportes en el Camino de la Unión (hoy la avenida 8 de Octubre), en el terreno donde luego se construyó el Hospital Militar. Fue el English Ground, también llamado La Blanqueada por la zona donde se asentaba, un vasto baldío salpicado de chacras, al cual se accedía con el tranvía de caballos. Sus instalaciones eran escasas: un rancho como vestuario, un local de madera como palco y sitio de reuniones y una carpa para la ceremonia tradicional del té de las cinco" (...) "Allí comenzaron a practicarse diversos deportes, además del cricket: tenis, atletismo, rugby. Y también fútbol"(8).

La cronología institucional y otros textos reunidos en "Decano entre decanos" sitúan el traslado al New Ground en 1889. La fecha de junio de 1893 requiere comprobación específica. Las referencias retrospectivas difieren sobre el inicio de esas prácticas. Los años 1875 y 1878 (5) aparecen asociados a encuentros destacados de rugby y football respectivamente, pero no deben equipararse automáticamente con la primera práctica de cada disciplina.

En Buenos Aires

En 1875, la práctica de los deportes británicos en Buenos Aires era una actividad exclusiva, sumamente amateur y restringida casi en su totalidad a la comunidad de inmigrantes británicos. Lejos de la pasión de masas actual, los deportes servían como un espacio de resistencia cultural, sociabilidad y esparcimiento para una colectividad que buscaba replicar las costumbres de su tierra natal.

La práctica deportiva venía de sufrir un golpe durísimo por la epidemia de fiebre amarilla de 1871, la cual paralizó los torneos, dispersó a los jugadores y provocó que muchas familias británicas huyeran hacia los suburbios del sur y del norte de la provincia.

Buenos Ayres Football Club: Pese a que durante 1873 en Buenos Aires se habían jugado varios partidos "...bajo una mezcla entre fútbol y rugby definido por consenso entre los jugadores" (6), tuvo su fundación el 14 de mayo de 1874. Sin embargo, la existencia del club y la práctica del rugby en Buenos Aires desde 1873 hacen posible el contexto del encuentro, pero no acreditan que este se realizara con el Montevideo Cricket Club en 1875.

4. Primeros partidos de rugby en Sudamérica

1873–1874: Se jugaron los primeros partidos de rugby en Buenos Aires entre equipos formados por residentes británicos (Bancos vs Ciudad; England vs The World I; England vs The World II; Trench vs Hogg; etc). Estos encuentros cuentan con referencias en la prensa de habla inglesa como The Standard and River Plate News de los hermanos irlandeses Edward y Michael Mulhall.

1875: Tras revisar los números de The Standard and River Plate News correspondientes a ese año, no he localizado una crónica que permita confirmar un encuentro de rugby entre el Montevideo Cricket Club y el Buenos Ayres Football Club. Este resultado se limita a la documentación consultada y no permite descartar, por sí solo, que el partido se haya disputado.

5. Lo que todavía no podemos afirmar

En el corpus identificado para esta investigación no se ha localizado una fuente contemporánea que confirme la realización del partido. Por esa razón, no es posible establecer con seguridad los siguientes datos:

- Resultado.

- Lugar de juego.

- Uniformes específicos de ese supuesto encuentro.

- Jugadores participantes.

- Fecha exacta.

- Reglas aplicadas.

Sin una crónica, un acta, un registro de viaje o una formación publicada, no es posible asegurar que una persona determinada haya jugado ese partido. Por eso, no presento nombres como si fueran integrantes confirmados de los equipos.

6. Conclusión: un partido pendiente de verificación

La historia institucional del Montevideo Cricket Club atribuye a 1875 la disputa de un encuentro internacional de rugby frente al Buenos Ayres Football Club, en la cancha del club montevideano, pero la documentación contemporánea que permitiría corroborar esa afirmación no ha sido localizada hasta el momento.

La investigación presenta, además, una discrepancia que requiere aclaración: mientras la cronología institucional identifica al rival como Buenos Aires Football Club, el libro Montevideo Cricket Club, decano entre decanos menciona al Buenos Aires Cricket Club en su entrada correspondiente a 1875.

Esta diferencia no permite determinar, por sí sola, si se trata de un error editorial, de una confusión entre instituciones o de otra circunstancia que todavía no ha podido establecerse. Tampoco permite concluir que el encuentro no se haya disputado.

La cancha de La Blanqueada constituye el lugar atribuido por la historia institucional del MvCC, pero esa atribución debe distinguirse de una corroboración contemporánea independiente.

La siguiente etapa de la investigación consiste en rastrear el origen de ambas versiones, revisar las fuentes periodísticas disponibles y buscar documentación adicional en los archivos de los clubes.

Hasta que aparezca evidencia que permita resolver estas cuestiones, el partido de 1875 debe considerarse un encuentro atribuido por la tradición institucional, cuya corroboración documental permanece pendiente.

7. Epílogo: Entre la memoria institucional y la evidencia documental

El partido de rugby de 1875 está respaldado por la historia institucional del Montevideo Cricket Club, que lo sitúa en su cancha de La Blanqueada. Para convertir esta referencia institucional en una reconstrucción histórica sólida, la siguiente etapa decisiva sería localizar una crónica contemporánea o un registro original de alguno de los clubes. Hasta entonces, esos datos deben figurar como no documentados, no completarse mediante conjeturas.

Con renovado entusiasmo, esta investigación continuará con las crónicas de los encuentros de 1890 y 1891, en el propósito de recuperar, a través de documentos, testimonios y memoria histórica, nuevos episodios de aquellos tiempos fundacionales de nuestro rugby.

Ilustración realizada con IA, imaginada del encuentro atribuido a 1875. No constituye un documento de época ni acredita jugadores, indumentarias o características del campo.

Agradecimiento especial

Quiero expresar mi especial agradecimiento al Sr. Henry Frederick, destacado historiador, dirigente deportivo y expresidente del Montevideo Cricket Club, por la generosidad con la que me brindó información sobre la historia de esa prestigiosa institución. Mi reconocimiento y gratitud por su valiosa contribución a esta tarea de reconstrucción de la historia.

Sus aportes contribuyeron a orientar la búsqueda sobre los vínculos deportivos entre Montevideo y Buenos Aires.

FUENTES:

1) James McGough. "El juego del Rugby en la Argentina". Editado por The Publishing Co. Buenos Aires.

2) Roberto N. Schamun. "Tackle al Tiempo, relatos". Buenos Aires, Argentina

3) Olivera, Eduardo. "Orígenes de los deportes británicos en el Río de La Plata". Buenos Aires. Argentina. 1932

4) Claudio Barragán y Gustavo Castro. "Montevideo Cricket Club, decano entre decanos". Cuadernos de El AreA. Ediciones de la Vizcachera. Junio de 2010.

5) Jorge L. Buzzetti y Eduardo Gutiérrez Cortinas. "Historia del deporte en el Uruguay (1830 - 1900)". Montevideo 1965

Diarios:

Buenos Aires Herald

La Nación

La Prensa

The Standard

The Montevideo Times

The River Plate Times

Revistas y semanarios

River Plate Sport & Pastime

Sitios Web

6) Buenos Aires Cricket & Rugby Club (aquí)

7) Montevideo Cricket Club (aquí)

8) Luis Prats, Una tarde de octubre de 1878 en el Montevideo Cricket. https://cihfhistoria.blogspot.com/2016/11/una-tarde-de-octubre-de-1878-en-el.html

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Investigación y producción: Rubén Raúl Ayala. Jugador de rugby entre 1967 y 1995. Ex referee de la Asociación de Referees de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Director del Centro de Estudios en Historia del Rugby (CEHR). Director de la revista digital Días de Rugby. Investigador independiente en temas de Historia del Deporte.

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domingo, 11 de octubre de 2026

CÓNICAS DE 1897

RESUMEN DE LA TEMPORADA DE RUGBY, 1897

Pintura al óleo obtenida gracias a la IA

Introducción

Revivimos la histórica temporada de rugby de 1897 en el Río de la Plata a partir de la traducción y reproducción del semanario deportivo RIVER PLATE SPORT & PAST TIME, documento extraído del archivo "RESUMEN DE LA TEMPORADA DE RUGBY, 1987".

A finales del siglo XIX, Buenos Aires atravesaba una etapa de modernización impulsada por nuevas obras sanitarias estatales y la inauguración del primer tranvía eléctrico el 22 de abril de 1897, construido por Charles Bright. En paralelo, la expansión del ferrocarril hacia los distintos barrios y localidades de la provincia resultó fundamental, ya que facilitó el traslado de los jugadores y del público hacia los incipientes campos deportivos de Flores, Palermo, Belgrano, Rosario y Hurlingham.   

El contraste entre este avance urbano y la precaria infraestructura victoriana marcaba el ritmo de cada domingo de invierno. Tras disputar los encuentros, los jugadores se bañaban con agua calentada a caldera bajo la tenue luz de las lámparas de aceite, antes de abandonar los rústicos vestuarios de madera para celebrar el tradicional tercer tiempo.

A pesar de obstáculos como los compromisos con la Guardia Nacional y la falta de nuevos rivales, el entusiasmo de los pioneros logró conformar una de las temporadas de partidos amistosos más exitosas de la época. La serie fue animada por siete equipos fundacionales: Buenos Aires F.C., Rosario Athletic Club, Lomas Athletic Club, Belgrano Athletic Club, Flores Athletic Club, Hurlingham Club y un seleccionado, el Old Bedfordians.

A continuación, repasamos la crónica detallada que nos dejó el semanario sobre este año clave para nuestro rugby.

RESUMEN DE LA TEMPORADA DE RUGBY, 1897

Fixture de rugby de 1897. Fuente River Plate Sport & Pastime N 306. Sábado 8 de mayo de 1897

Aunque volvimos a tener la mala suerte de no poder organizar partidos con equipos del exterior este año, la temporada que acaba de concluir debe ser considerada como una de las más exitosas que hemos tenido hasta ahora; de hecho, teniendo en cuenta el número comparativamente pequeño de jugadores de rugby que tenemos aquí, es maravilloso que haya tanto entusiasmo y que haya tantos buenos partidos de vez en cuando.

Un gran inconveniente esta temporada han sido los nuevos horarios para los partidos dispuestos por la Guardia Nacional, los cuales impidieron que muchos de nuestros jugadores más destacados y prometedores participaran en los partidos y, de hecho, provocaron la cancelación total de uno o dos encuentros, algo que confiamos no vuelva a suceder.

Por otro lado, nuevos miembros se han unido a las filas del rugby, y notamos con satisfacción que un buen porcentaje de los exponentes del deporte hermano (NDLR: el football) participaron en los partidos. En cuanto al juego en sí, se ha mostrado una clara mejora en el pack de forwards, y cualquiera que haya visto el partido final de la temporada el pasado domingo tendría poco de qué quejarse respecto a la primera línea del Buenos Aires F.C., quienes además de mostrar una gran mejora en su juego de pies, tanto en campo abierto como en los scrums, tacklearon y siguieron la jugada con el estilo más brillante, y en conjunto ofrecieron una verdadera y sólida exhibición de juego de forwards.

Pintura al óleo obtenida gracias a la IA

De los backs no podemos hablar tan bien. La pareja de medios (half backs) es sin duda la más débil y la verdadera calidad está prácticamente representada por un solo hombre. Tenemos varios del tipo mediocre, pero nada más. Los tres cuartos no son mucho mejores; ciertamente tenemos tres o cuatro con más experiencia, etc., podrían ocupar su lugar en la mayoría de los equipos sin deshonrarse, pero más allá de estos hay muy pocos y, por lo que podemos ver, no hay jugadores prometedores que vengan a ocupar el lugar de los que ya hemos mencionado. A la posición de fullback, siempre difícil de cubrir, se le ha prestado más atención este año, probablemente por el hecho de que dos de los mejores son casi nuevos en nuestras canchas de football, uno de ellos por completo.

Antes de detallar el juego de los clubes o el individual de la temporada pasada, nos gustaría rendir honor a quienes corresponde por la existencia misma del rugby aquí. Hace un par de años se produjo un éxodo general de nuestras filas de rugby, siendo la edad avanzada y otras causas los principales responsables. Las cosas parecían muy serias y cuando a la asamblea general anual de nuestro Club Senior sólo asistieron una docena de miembros, el rugby en el Río de la Plata parecía estar realmente en las últimas. Los señores John Creuser Bellamy y Maurice Frank Gilderdale entonces, a pesar del oscuro panorama, aceptaron los puestos de Capitán y secretario Honorario del Buenos Ayres Football Club y es gracias a sus esfuerzos, y sólo a los suyos, a quienes debemos agradecer por la existencia del rugby en la actualidad. Entre los propios jugadores esto es bien sabido y admitido libremente, pero entre los de afuera no es así, y se sorprenderían un poco si supieran la enorme cantidad de trabajo por la que estos dos han pasado no sólo para mantener el juego en pie, sino para lograr la mejora general tan notable.

Dibujo generado por la IA

Mencionemos un nombre más y habremos terminado con las generalizaciones. Uno de los primeros exponentes del juego en este país, y además alguien cuyo historial en su tierra natal se compararía muy favorablemente con el mejor de aquí, Mr. Denny Stokes ha hecho maravillas para mantener unida a la generación más joven, y no es exagerado decir que él es en gran medida responsable de la situación actual. Si todos nuestros antiguos jugadores de rugby hubieran mostrado el mismo interés por el juego que el Sr. Stokes, tendríamos muy pocos problemas para armar equipos en la actualidad.

De los clubes, el Lomas A.C. ha sido el más exitoso este año. Bajo la capitanía de A. McMorran han obtenido un récord invicto y por primera vez en un período considerable, derrotaron al B.A.F.C. en ambos partidos. Además de esto, todos los miembros de su equipo eran miembros genuinos del club, un alarde que ningún otro miembro del club, excepto el B.A.F.C., puede hacer.

Flores Athletic, ayudado por miembros de otros clubes, jugó uno o dos buenos partidos, pero sus miembros aparentemente están cansados del fútbol y el interés ha disminuido enormemente en el último año aproximadamente.

Pintura al óleo obtenida gracias a la IA

Hurlingham solo jugó un partido, el que disputó contra el B.A.F.C., el cual ganaron, pero es justo decir que el B.A. estaba lejos de ser representativo, mientras que uno o dos de sus jugadores regulares figuraban entre sus oponentes.

Belgrano hizo un valiente intento de poner un equipo de rugby en la cancha y, con un poco de ayuda externa, lo hizo muy bien, siendo su victoria sobre un fuerte equipo de Flores uno de los partidos más reñidos de la temporada.

El B.A.F.C., como de costumbre, fue el pilar y mantuvo las cosas en marcha durante toda la temporada. Estrictamente hablando, no han tenido una temporada muy exitosa, ya que han sufrido más de un revés, pero esto se ha debido simplemente a su generosidad al prestar a algunos de sus mejores jugadores a los equipos contrarios para hacer un buen partido. Sin embargo, esta temporada debe considerarse exitosa, ya que por primera vez desde que se instituyó el partido, los Old Bedfordians sufrieron una derrota a manos de ellos, y esto compensó con creces cualquier revés del club. El XV elegido del B.A.F.C. para la temporada 1897 fue fotografiado antes del partido del domingo pasado, y no creemos que podamos hacer algo mejor que concluir este breve resumen con una corta descripción del juego individual de cada miembro.

Full back

H. Colson (BAFC y BAC): Sin duda uno de los mejores tackleadores que tenemos. Patea bien, pero es bastante propenso a correr demasiado. Jugó para B.A.F.C. y Belgrano, equipo del cual es capitán.

Back tres cuartos

George Fleetwood Elliot (FAC): Siempre un corredor brillante, ha mejorado enormemente en su juego defensivo y durante la temporada ha logrado muchas actuaciones excelentes. Sus patadas aún son un poco débiles.

James Oswald Anderson (BAFC): Juega de centro tres cuartos con buen criterio. Sigue siendo tan peligroso como siempre en las veinticinco yardas del oponente, pero ha perdido gran parte de su velocidad. Patea bien y ganó más de un partido con sus drops.

A. McMorran (LAC y BAFC): Un jugador defensivo realmente brillante y un tackleador sólido. Patea bien, pero tiene bastante déficit de velocidad. Dio varias exhibiciones excelentes durante la temporada pasada.

Half backs (Medios)

Ernest Large Romboll (BAFC y OB): Se destaca por sí solo entre nuestros medios. Su tackleo es perfectamente seguro y sus patadas son buenas, pero brilla particularmente creando espacios para sus tres cuartos. Sus pases son perfectos y lo único que lamentamos es no verlo más a menudo en la cancha de fútbol.

Douglas King (BAFC): Un medio valiente, pero no tiene ninguno de los recursos de su compañero. Tacklea y pasa bien, debería patear más y podría ser más rápido para presionar a su marca.

Forwards

John Creuser Bellamy (Captain - BAFC): Se ha mantenido maravillosamente bien durante toda la temporada. Es, sin duda, nuestro forward más brillante en el juego abierto, y por el entusiasmo que ha infundido a su equipo ha hecho aquí mucho por estimular el football como se juega en Rugby. Es un excelente "capitán" y con su entusiasmo da a sus hombres un ejemplo admirable.

Maurice Frank Gilderdale (FAC): Positivamente tan bueno como siempre, a pesar de dos rodillas lastimadas. El forward más trabajador que tenemos, muy bueno desde el touch, y un jugador espléndido para un partido cuesta arriba. Ha trabajado muy duro en su calidad de secretario Honorario para mantener el interés en el juego.

Frederick Henry Jacobs (BAFC y OB): Un forward realmente bueno con un profundo conocimiento del juego. Ha jugado demasiado tiempo fuera del scrum como para hacer plena justicia a sus verdaderas habilidades.

Arthur Anderson (BAFC y OB): Un buen forward trabajador y un medio muy útil. Es demasiado lento para ser tres cuartos, una posición en la que ha jugado frecuentemente esta temporada.

Lawrence Jacobs (BAFC y OB): Ha cumplido plenamente con las expectativas que se formaron sobre él y ha resultado ser un buen y honesto trabajador.

E. Liversedge (BAFC): Merecía totalmente su "cap" (convocatoria internacional o de honor) que se ganó esta temporada. Un buen jugador de scrum, pero con tendencia a ser torpe en el juego abierto. Es un jugador entusiasta y apasionado.

Henry Mohr Bell (BAFC): Ha jugado de tres cuartos, medio y forward, siendo este último su verdadero puesto. Es bastante liviano, pero trabaja duro y es un hábil dribleador. También ganó su "cap", lo cual fue muy merecido.

C. Romer (BAFC): Juega con gran ímpetu y tacklea con buen estilo. Merecía totalmente su lugar en el equipo.

Walter D. Campbell (FAC): Un buen forward completo, que juega igual de bien en el juego abierto y en el scrum. Esta es su primera temporada aquí y rápidamente se ganó un lugar en nuestro mejor equipo.

Legado de la temporada de 1897

Las crónicas de 1897 dejan una profunda lección de resiliencia y amor por el juego. Cuando el éxodo de jugadores hacía pensar que el rugby atravesaba sus horas más críticas, el trabajo constante de John C. Bellamy, Maurice Frank Gilderdale y Denny Stokes permitió que la disciplina sobreviviera y se fortaleciera. La temporada también puso de relieve los principios fundacionales de este deporte:

Compromiso: dirigentes y jugadores dedicaron tiempo y esfuerzo a mantener viva la actividad.

Camaradería: el Buenos Aires F.C. prestó a varios de sus mejores jugadores para que los encuentros pudieran disputarse de manera competitiva.

Perseverancia: pese a las dificultades y los reveses, los clubes continuaron impulsando el crecimiento del rugby.

Más allá de que Lomas Athletic Club finalizó invicto y de los resultados obtenidos por los demás equipos, el mayor logro de aquella temporada fue mantener encendida la llama del rugby.

Así concluye esta crónica. En la próxima entrega, continuaremos recorriendo y honrando la historia viva de este deporte.

Fuente

RIVER PLATE SPORT & PASTIME, pág. 9 y 10 del Nº 324 del 11/09/1897

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Investigación y producción: Rubén Raúl Ayala. Jugador de rugby entre 1967 y 1995. Ex referee de la Asociación de Referees de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Director del Centro de Estudios en Historia del Rugby (CEHR). Director de la revista digital Días de Rugby. Investigador independiente en temas de Historia del Deporte.

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jueves, 24 de septiembre de 2026

Breve tregua de octubre

Ningún milagro los había convocado a la cancha de Ciudadela esa tarde de octubre del '75. Solo la obligación del fixture y la necesidad, casi física, de golpear algo que no respondiera con balas. El sol de primavera derretía la brea de la línea de cal y evaporaba el olor a linimento que treinta hombres traían puesto desde el tren.

El vestuario olía a Vick VapoRub, a sudor frío y a esa acidez que sube del estómago cuando uno sabe que va a doler. Del lado derecho, los de Tacuara Rugby Club se vendaban los tobillos sin hablar. Gómez Ayerza (un calco del sudafricano Morné du Plessis), era el capitán, octavo, no pensaba en la Patria ni en el Orden mientras se ajustaba los botines. Pensaba en los escombros de su propia rodilla derecha y en si alcanzaría a llegar al tercer tiempo sin cojear. Pensaba en su padre, que esa mañana, entre el café y el diario, le había vuelto a decir que Tomás estaba muerto para la familia. Ocho meses sin una llamada, sin una carta, sin una señal. Ocho meses desde que su hermano menor se había ido con los mismos tipos que ahora se vendaban del otro lado del pasillo. Gómez Ayerza apretó los cordones hasta que los dedos se le pusieron blancos. No era la Patria lo que le apretaba el pecho. Era la duda de si alguno de esos pibes sabía dónde estaba Tomás, y si él sería capaz de preguntárselo después del partido sin romperle la cara a alguien.

Del otro lado del pasillo, a la izquierda, los de Montoneros Rugby Club hacían ruido. Alguien rasgaba una guitarra desafinada contra la pared; dos pibes discutían sobre un volante que había salido mal impreso la noche anterior. El "Colo" Taboada, el capitán y ala del equipo, no arengaba. Era muy parecido a Jean-Pierre Rives, pero pelirrojo. Estaba exhausto. Había pasado la madrugada repartiendo propaganda en Villa Caramelito y sus manos le temblaban tanto que apenas podía atarse los cordones. No les habló del pueblo ni de la revolución. Les dijo, mirando al piso: "Si les pegan, levántense. Si les rompen algo, aguántense. Hoy no somos nada más que quince contra quince". Y era mentira, y todos lo sabían, pero fue lo único que se le ocurrió decir antes de salir.

Lo que no les dijo, lo que no le decía a nadie, era que esa mañana había visto a Gómez Ayerza llegar al club en un Falcon gris con su viejo al volante, los dos con la misma mandíbula cuadrada, los dos con la misma seguridad de quien sabe que el mundo no se le va a caer encima. Y que, por un segundo, un segundo del que se avergonzaba como de una traición, Taboada había deseado ser él. No por la plata ni por la clase. Por la certeza de que mañana iba a haber un desayuno con café y diario, y una madre que le preguntara cómo le había ido en el partido.

Salieron al campo. La luz de las tres de la tarde rebotaba blanca contra el pasto pisoteado y dejaba a todos entrecerrando los ojos. El Sr. Dughan, el árbitro, un viejo de bigote caído, sopló el silbato. El partido empezó. En los primeros veinte minutos, los cuerpos no chocaban solo por la posesión de la ovalada.

Los forwards de Tacuara bajaban la cabeza en los scrums con una obediencia que asustaba. Sus tackles caían secos, a la altura del plexo, siempre dentro de la ley, siempre un milímetro más fuerte de lo necesario. Los de Montoneros llegaban al ruck como quien se tira a un pozo sabiendo que el fondo está lleno de vidrios: se colgaban de las piernas, de la camiseta, de lo que hubiera, y se dejaban arrastrar por el peso de los otros antes que soltar la pelota.

En el primer tiempo, cuando el marcador iba 6-3 a favor de Tacuara, un grito desde la tribuna de madera rompió el ritmo del juego. Alguien de Montoneros había desenrollado una bandera con un lema político. Un simpatizante de Tacuara se abalanzó sobre él. El referee sopló el silbato, irritado.

Gómez Ayerza miró hacia la tribuna. Vio a dos pibes forcejeando, vio a los dirigentes correr hacia ellos. Por un segundo, pensó en su padre, en el diario de esa mañana, en los titulares sobre bombas. Sintió la rabia subirle por el pecho como acidez.

Taboada también miró. Y por un segundo, Gómez Ayerza vio en sus ojos la misma duda que él sentía: si valía la pena seguir jugando, si el rugby era suficiente para contener todo eso.

Los dirigentes separaron a los pibes. El Sr. Dughan sopló el silbato otra vez. El partido siguió. Pero algo había cambiado. Los tackles empezaron a caer un milímetro más alto, a la altura del cuello. Los scrums se cerraban con un empuje que hacía crujir los dientes. La tregua ya no era tan limpia.

A medida que pasaban los minutos, las camisetas de algodón pesaban por la transpiración y el pasto se convirtió en un barro negro que se pegaba a los botines como alquitrán.

En un ruck cerrado cerca de la línea de try, Gómez Ayerza quedó atrapado bajo una pila de cuerpos, sin aire, con el barro en la boca. Arriba, el peso de Taboada le aplastaba el cuello contra el pasto. El peso de febrero, el peso de Tomás.

Por un segundo, Gómez Ayerza pensó que el muy hijo de puta no iba a soltarlo, que iba a dejar que el ruck le partiera la clavícula. Pensó en Tomás. Pensó que esos mismos cuerpos que lo aplastaban eran los que se habían llevado a su hermano una noche de febrero. La sangre de la ceja de Taboada le caía sobre la nuca, tibia, metálica. Taboada jadeaba arriba, con los ojos cerrados, pensando que así debía ser morirse: aplastado contra el barro, sin aire, sin nadie que te nombre en el desayuno del día siguiente. No había ideología ahí abajo. Solo dos pibes tratando de no ser el que terminara roto.

El silbato del Sr. Dughan cortó el aire. ¡Penal por no soltar! Taboada aflojó la presión. Se quedaron los dos un segundo en el suelo, respirando lo mismo, hasta que Gómez Ayerza apoyó una mano en el pasto y se incorporó despacio, llevándose la tierra pegada a la oreja. Le tendió la mano a Taboada. Taboada la miró, la tomó, y se dejó levantar. Ninguno de los dos dijo nada.

Durante sesenta minutos más, los treinta hombres siguieron jugando sin dejar de ser lo que eran. Los de Tacuara, rígidos y potentes; los Montoneros, desordenados y feroces. Pero el sudor les quemaba los ojos a todos por igual, y el sabor a cobre en la boca, cuando un codazo accidental rompía el labio, era el mismo. El cansancio los fue domando en el segundo tiempo hasta que a ninguno le quedaron fuerzas para odiar con elegancia.

Cuando el silbato final los liberó, no hubo abrazos. Se saludaron con un choque de manos firme, corto, casi adusto. Cada uno volvió a su vestuario cojeando. Luego llegó el tercer tiempo.

El tercer tiempo los encontró en el quincho del club, donde el olor a carne asada y a cerveza barata ya había empezado a reemplazar al del linimento. Los de Tacuara se sentaron a un lado de la mesa larga de madera; los de Montoneros, al otro. Al principio, el silencio fue espeso, atravesado solo por el sonido de los cuchillos cortando el asado y el tintineo de los vasos. Nadie quería hablar de lo que pasaba afuera, en las calles de Buenos Aires.

Gómez Ayerza no probó el asado. Se quedó mirando su vaso de cerveza como si en el fondo fuera a aparecer la cara de Tomás. Del otro lado de la mesa, Taboada comía con hambre de pibe que no había almorzado, y Gómez Ayerza lo odió por eso, por esa capacidad de comer como si el mundo no se estuviera cayendo a pedazos.

Entonces uno de los "wines" de Montoneros, un pibe flaco que en el segundo tiempo había recibido un golpe que casi lo deja fuera, levantó su vaso y miró a Gómez Ayerza.

—Che —dijo, con la voz pastosa por la cerveza—. Si no me agarrabas de la camiseta antes de que llegara a la línea, te hacía el try.

Gómez Ayerza lo miró. Por un segundo, estuvo a punto de preguntarle si conocía a un tal Tomás Gómez Ayerza, si había oído su nombre en alguna célula, en alguna casa operativa del conurbano. La pregunta le subió por la garganta como bilis. Pero la tragó. Masticó un pedazo de pan y respondió sin levantar la voz:

—La próxima vez no te quedes mirando al referee. Y sacate los anillos, que me van a marcar la cara para el finde.

Una risa corta, seca, escapó del pecho de Taboada. Luego se sumó otro. En pocos segundos, la mesa entera reía. Gómez Ayerza no se rio. Levantó el vaso, bebió un trago largo, y dejó que la risa de los otros lo tapara.

—Che, falta gente en la mesa, Martínez dejó de venir a entrenar— murmuró el apertura de Montoneros mirando fijamente a su plato.

Nadie respondió. Alguien tosió. Gómez Ayerza sintió que el vaso se les pegaba a los dedos. Taboada bajó la mirada al plato. Por un segundo, el nombre de Tomás volvió a subirle por la garganta, pero lo tragó otra vez, junto con la cerveza.

Hablaron de los cobros del referee, de la dureza del suelo, de un scrum que se había caído en el primer tiempo. Hablaron de rugby.

Cuando salieron del quincho, ya era de noche. Afuera, en las calles de Ciudadela, el país seguía siendo el que era. Nada había cambiado. Nadie se había perdonado la vida.

Gómez Ayerza se subió al tren de vuelta a su barrio sin mirar a nadie. En el vagón vacío, apoyó la frente contra el vidrio frío y pensó en Tomás. Pensó que quizás la próxima semana, en el próximo partido, se animaría a preguntar. O quizás no. Quizás era mejor no saber. Taboada hizo lo mismo del otro lado de la vía. Se tocó la ceja partida, sintió la costra seca bajo los dedos, y pensó que había tenido suerte. Que mañana iba a haber desayuno, aunque no hubiera madre que le preguntara cómo le había ido. Mañana volverían a ser lo que eran: enemigos de una guerra que nadie había declarado pero que ya estaba en marcha.

Ese día, durante ochenta minutos, habían sido simplemente treinta rugbiers. Y eso, por esa tarde, había bastado.

Fin

Nota del investigador:

En este cuento todos los personajes e instituciones son ficticios y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Tanto Tacuara R.C. como Montoneros R.C. son nombres ficticios de clubes que no existieron en 1975, sin embargo sus nombres perduran de manera inocua y puramente deportiva.

En la actualidad (2026), Tacuara Rugby Club es un equipo de rugby de la ciudad de 25 de Mayo, en la Provincia de Buenos Aires fundado el 10 de febrero de 2009 y participa en los torneos de la Unión de Rugby del Oeste de la Provincia de Buenos Aires (UROBA); de sus inferiores surgió el Puma Mariano Galarza antes de continuar su carrera en La Plata.

Sin embargo, existió otro club histórico llamado de forma idéntica, el Tacuara Rugby Club de la región de Rosario/Santa Fe fundado en la década de 1950, pero la actual institución bonaerense formalizó su personería jurídica bajo esta fecha.

Por otra parte, Montoneros Rugby Club es una institución deportiva ubicada en la localidad de Olta, departamento de General Belgrano, en la Provincia de La Rioja, Argentina. Participa en los torneos de la Unión Andina de Rugby (que agrupa a clubes de La Rioja y Catamarca).

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Investigación y producción: Rubén Raúl Ayala. Jugador de rugby entre 1967 y 1995. Ex referee de la Asociación de Referees de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Director del Centro de Estudios en Historia del Rugby (CEHR). Director de la revista digital Días de Rugby. Investigador independiente en temas de Historia del Deporte.

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domingo, 13 de septiembre de 2026

La revolución y la ovalada

Cuando un partido de rugby pudo ser confundido con una conspiración política en 1890


La historia de los primeros años del rugby argentino está llena de episodios en los que la realidad parece superar a la ficción. Uno de los más insólitos vincula al rugby primitivo con las tensiones políticas de la crisis de 1890: un partido, una sospecha policial y, según una fuente posterior, hasta 2.500 espectadores detenidos.

El trasfondo histórico: La Revolución del Parque y el clima de sospecha

El 26 de julio de 1890 estalló en Buenos Aires la Revolución del Parque, un levantamiento cívico-militar impulsado por la Unión Cívica contra el gobierno del presidente Miguel Juárez Celman, con Leandro N. Alem como una de sus principales figuras. Aunque la insurrección fracasó militarmente, sacudió los cimientos del poder y Juárez Celman terminó renunciando el 6 de agosto, apenas once días después del comienzo de la revolución.

El levantamiento dejó a Buenos Aires sumida en un clima político particularmente tenso, marcado por la desconfianza y el temor a nuevas conspiraciones. 

En ese contexto, una reunión numerosa de hombres realizando movimientos que para un observador ajeno al rugby podían resultar incomprensibles podía despertar fácilmente la atención de las autoridades.

Desentrañando la cronología: ¿Junio, julio o el segundo semestre?

En las fuentes que han conservado esta anécdota aparecen fechas y escenarios diferentes. Para intentar reconstruir qué pudo haber ocurrido, conviene ordenar primero las referencias disponibles:

● 5 de junio de 1890: Se disputó en Palermo un encuentro entre el Buenos Ayres Football Club y el Rosario Athletic Club. Esta fecha aparece en los registros de los encuentros entre ambos clubes y constituye una referencia importante para separar ese partido del episodio de la detención.

● 26 de julio de 1890: Estalla la Revolución del Parque en Buenos Aires. Esta coincidencia de fechas es precisamente uno de los elementos que ha contribuido a la confusión posterior sobre el episodio.

● Segundo semestre de 1890: Una fuente británica publicada décadas después sitúa en Buenos Aires el episodio de la detención de los dos equipos y de unos 2.500 espectadores, relacionándolo con el clima político posterior a la Revolución del Parque.

La historia de los 2.500 espectadores detenidos
 

Los encuentros entre el Buenos Ayres Football Club y el Rosario Athletic Club, que disputaba sus actividades en Plaza Jewell, formaban parte de los primeros grandes enfrentamientos interurbanos del rugby argentino. Pero en una ocasión, aquel extraño espectáculo de hombres corriendo, forcejeando y derribándose alrededor de una pelota ovalada habría despertado una interpretación mucho menos deportiva entre las autoridades.

Algunas de estas anécdotas llegaron hasta nosotros gracias a James McGough, periodista y cronista deportivo vinculado a la colectividad irlandesa-argentina, cuya producción periodística incluyó colaboraciones en publicaciones de la comunidad británica en Argentina tales como el diario The Standard y colaborador de la Argentine Magazine.

James McGough sugiere que el partido fue el mismo 26 de julio en Rosario. Décadas más tarde, una fuente británica presentó una versión diferente: situó el episodio en Buenos Aires, después de la Revolución del Parque, y habló del arresto de ambos equipos y de unos 2.500 espectadores. Así lo manifiestan en la versión en inglés que aparece en “The Book of Rugby Disasters & Bizarre Records”, de Frank Cotton y Chris Rhys - Century Publishing, Londres, 1984. ISBN 0-7126-0911-3:

“Early rugby was not immune to political problems either. An 1890 game in Buenos Aires resulted in both teams, and all 2,500 spectators being arrested.  National president Juárez Celman was particularly paranoid after the Revolution of the Park in the city earlier in the year, and the police had suspected that the match was in fact a political meeting”.

"Un partido en 1890 en Buenos Aires resultó en el arresto de ambos equipos y de los 2.500 espectadores. El presidente nacional Juárez Celman estaba particularmente paranoico tras la Revolución del Parque ocurrida en la ciudad a principios de ese año, y la policía sospechaba que el partido era, de hecho, una reunión política".

Es fácil imaginar el desconcierto de unos agentes que, en medio de un clima político cargado de sospechas, observaban a decenas de hombres forcejeando, derribándose y corriendo detrás de una pelota ovalada. Según la versión transmitida por Cotton y Rhys, la policía sospechó que aquel encuentro podía ser en realidad una reunión política y terminó deteniendo a los participantes.

E. Le Bas y la liberación de los jugadores

Ante semejante despropósito, alguien tuvo que intervenir para conseguir la liberación de los detenidos. El apellido aparece en algunas versiones como "Le Blas". Es posible que se trate de una deformación o transcripción del apellido Le Bas, familia estrechamente vinculada al Rosario Athletic Club.

Alfredo E. Le Bas (A.E. Le Bas), Ricardo Le Bas y otros miembros de la familia fueron jugadores y directivos del club rosarino durante las décadas de 1880 y 1890.

La figura de E. Le Bas (asociado a Eduardo o Edwin Le Bas) ilustra el estatus y poder de mediación de la élite anglo-argentina. Los miembros de la familia Le Bas tuvieron una presencia destacada en la vida del club durante las décadas de 1880 y 1890. Si la referencia a E. Le Bas corresponde efectivamente a uno de estos dirigentes, es razonable pensar que su posición dentro de la comunidad pudo haber facilitado la liberación de los detenidos. Pero, por ahora, esa intervención pertenece al terreno de la reconstrucción y no al de los hechos documentados.

 
James McGough y la conservación de la memoria

James McGough, el reconocido periodista y cronista deportivo de la colectividad irlandesa-argentina, no se limitó a registrar resultados: también conservó numerosas anécdotas sobre los primeros años del rugby argentino desde las páginas de The Standard y el Argentine Magazine.

Con motivo de la visita de los British & Irish Lions en 1927, McGough recopiló testimonios orales y publicó el libro fundamental Historia del Rugby en la Argentina desde el primer partido en el año 1873. Su pluma conservó también otras historias que muestran hasta qué punto las costumbres deportivas británicas podían resultar desconcertantes para quienes las observaban desde afuera. Una de ellas ocurrió en Empedrado, Corrientes, donde un comisario llegó a interpretar como una pelea callejera la carrera de unos empleados británicos del ferrocarril.

Entre la memoria y la evidencia histórica


La historia del partido detenido presenta todavía algunas zonas oscuras. Una fuente sitúa el episodio el 26 de julio de 1890 en Rosario; otra, publicada décadas más tarde, lo ubica en Buenos Aires, después de la Revolución del Parque. También existen dudas sobre la identidad de E. Le Bas y sobre la cifra exacta de los espectadores detenidos.

Lo que sí parece claro es que la anécdota sobrevivió porque resumía, casi como una caricatura, una época en la que el rugby todavía era una actividad extraña para buena parte de la sociedad argentina.

En aquel Buenos Aires sacudido por la revolución, unos hombres corriendo detrás de una pelota ovalada podían parecer cualquier cosa menos lo que realmente eran: jugadores de rugby.

Y por unas horas, una pelota ovalada pudo convertirse en asunto policial.


Nota editorial: Tenemos una extraordinaria anécdota del rugby argentino del siglo XIX, dos versiones históricas y un pequeño misterio que todavía estamos intentando resolver.

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Investigación y producción: Rubén Raúl Ayala. Jugador de rugby entre 1967 y 1995. Ex referee de la Asociación de Referees de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Director del Centro de Estudios en Historia del Rugby (CEHR). Director de la revista digital Días de Rugby. Investigador independiente en temas de Historia del Deporte.

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